Metabolevo. Origen. Parte I.

Metabolevo. ¿Por qué Metabolevo? Empezaré por el principio.

Parte I:

Año 1996. Yo era un adolescente obeso. Desde que tengo uso de razón, fui un niño gordo tirando a obeso. Pero desde que empecé el instituto, allá por 1992, no había dejado de engordar exponencialmente. Para que os hagáis una idea, con 1.78 m de altura, pesaba más de 120 kgs. Digo más, porque la báscula “solo” llegaba hasta 120 kgs. Ver desaparecer la aguja a la derecha de una báscula que marca 120 kgs. no es el mejor de los entornos para crecer como adolescente. Calculo que llegué a pesar más de 130 kgs con 17 años y medio.

Mis hábitos alimentarios eran nefastos, incluyendo todo tipo de fritos, harinas, azúcares refinados, productos procesados, etc. Y prácticamente reduciendo a cero el consumo de frutas y verduras. Esto es así, pero en aquel momento era incapaz de verlo.

Con ese nivel de sobrepeso y esa edad, eres invisible. Es curioso, cuanto más ocupas, más invisible te vuelves. Y vas enterrando tu frustración y problemas en kilos y kilos de comida insana, que no hacen sino agravar el problema.

Comprar ropa es un suplicio. No es que nada te quede bien, es que es como comprobar lo que eres y en lo que te has convertido. No tienes ganas de arreglarte, de salir, de pasarlo bien. Esto afectaba en gran medida a mis relaciones sociales. En una época de comenzar a divertirse, salir, ligar, eso se vuelve impensable, como una muralla de varios kilómetros de altura que hay que escalar a mano. Y también afectaba a mi rendimiento académico, históricamente impecable, hasta el punto de repetir COU, el curso de orientación universitaria. Supongo que no era el tipo de orientación que necesitaba en ese momento.

Y me fue genial. No tenía ninguna intención de aprobar en septiembre. Sentí algo por dentro muy fuerte. Era el momento del cambio. De demostrar a todo el mundo que puedes hacer lo que quieres, que vales. Y en este caso, esa rebeldía solo podía demostrarse haciendo aquello que era imposible. Adelgazar.

La gente piensa que los obesos o personas con sobrepeso son vagos. No es así. Es la propia obesidad o sobrepeso la que provoca esa apatía. Es una gruesa cadena que hay que romper. La universidad de UCLA demostró en 2014 mediante un estudio en ratas que el consumo de comida considerada basura (la base de mi dieta por aquel entonces) hace que las ratas se vuelvan más vagas y apáticas.

http://newsroom.ucla.edu/releases/does-a-junk-food-diet-make-you-lazy-ucla-psychology-study-offers-answer

Y como el movimiento se demuestra andando, pues decidí llenar ese vacío existencial, social, académico y psicológico encerrándome en una biblioteca (yo fui a EGB) y devorando toda la información que encontré sobre nutrición y dietética. Por desgracia, la información y la pirámide alimentaria vigentes por aquella época eran erróneas, a la luz de lo que la ciencia ha demostrado en estos 20 años.

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Pero parece ser mejor comer mal que fatal, así que funcionó. Recuerdo desayunos de leche desnatada con Kellog’s (por garantizar el aporte vitamínico básico). Comidas y cenas ligeras de lechuga con algo a la plancha, y de postre melón. Mucho melón. Kilos y Kilos de melón. Y periodos de hambre atroz, especialmente a la noche, que solucionaba yéndome a dormir. Por lo que dormía 10-11 horas cada día.

También procuré aumentar la actividad física mediante la realización, primero, de ejercicios con pesas ligeras que luego, cuando mejoró mi movilidad, combiné con ejercicios de mayor peso y movimiento, como correr, caminar rápido, etc. No he realizado tanto deporte y actividad física como en aquella época, que curiosamente coincidía con la menor ingesta de calorías de mi vida.

Si lo hiciera ahora lo haría diferente. Lo que es incuestionable es que funcionó. Desde mayo del 96 a finales de septiembre logré perder algo más de 45 kgs. que al final del periodo fueron más de 60 kgs. Unos 10 kgs por mes, sintiéndome bien en todo momento.

Mi contacto con la gente durante este periodo fue bastante escaso, prácticamente de reclusión. Al volver en octubre a ver a amigos, el impacto fue brutal. Unos preguntaban si era yo, otros si había estado enfermo…

Pensaba que había ganado una guerra, pero simplemente era la primera batalla… (continuará).

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